Aprender a permanecer presentes cuando la vida cambia, sin dejar de sentir, comprender y cuidar.
Hay momentos en los que la vida nos recuerda, de manera inesperada, que no todo está bajo nuestro control.
Una noticia que no esperábamos, una decisión que debemos tomar, una relación que cambia o una incertidumbre que se prolonga pueden despertar emociones difíciles de acompañar.
A veces sentimos miedo. Otras, tristeza, inquietud o la necesidad urgente de encontrar una respuesta.
Quizás intentemos anticiparnos a todo lo que podría suceder, como si pensar una y otra vez en el futuro pudiera ofrecernos la seguridad que necesitamos.
Y cuando descubrimos que no podemos controlar todas las circunstancias, también podemos llegar a juzgarnos por nuestra propia inquietud.
Pero sentirnos vulnerables frente a la incertidumbre no significa que hayamos fracasado en nuestra capacidad de afrontar la vida.
Significa que somos humanos.
Tal vez, en esos momentos, no necesitemos exigirnos una serenidad que todavía no encontramos. Quizás podamos comenzar por reconocer lo que sentimos y preguntarnos cómo acompañarlo con mayor comprensión.
La ecuanimidad nos invita a explorar esa posibilidad.
No se trata de dejar de sentir, sino de descubrir que podemos permanecer presentes aun cuando nuestras emociones y circunstancias cambian.
1. Cuando la vida no sucede como esperábamos
Gran parte de nuestra vida transcurre entre planes, expectativas y pequeños acuerdos que hacemos con el futuro.
Imaginamos cómo será una conversación, esperamos que una situación se resuelva de determinada manera o confiamos en que aquello que amamos permanecerá tal como lo conocemos.
Estas expectativas son naturales. Nos ayudan a organizarnos, tomar decisiones y construir proyectos.
Sin embargo, la vida no siempre responde a nuestros deseos.
Hay incertidumbres que apenas nos inquietan y otras que parecen acompañarnos desde que despertamos hasta que termina el día.
Quizás estemos esperando una noticia importante, atravesando una situación familiar difícil o intentando comprender un cambio que no elegimos.
A veces continuamos con nuestras actividades habituales, conversamos, sonreímos y atendemos nuestras responsabilidades, mientras una parte de nosotros permanece preocupada.
Y puede suceder que, además de esa preocupación, nos reprochemos no estar más tranquilos.
Pero ¿cómo no sentirnos vulnerables cuando algo importante para nosotros parece incierto?
Tal vez podamos comenzar por reconocer que nuestra inquietud también habla de aquello que valoramos, de lo que amamos y deseamos cuidar.
Nuestra necesidad de seguridad no es un defecto.
Muchas veces expresa un deseo legítimo de protegernos, cuidar a quienes amamos y evitar experiencias dolorosas.
No necesitamos juzgarnos por ello.
Sin embargo, cuando la incertidumbre se prolonga, nuestra mente puede quedar atrapada en una búsqueda interminable de respuestas.
Revisamos mentalmente lo ocurrido. Imaginamos diferentes desenlaces. Intentamos prepararnos para todas las posibilidades.
En ocasiones, estos procesos nos ayudan a tomar decisiones.
Pero otras veces nos agotan sin acercarnos a una solución.
Quizás entonces necesitemos reconocer algo sencillo, aunque profundamente difícil de aceptar: hay circunstancias sobre las que podemos influir y otras cuyo desarrollo no depende completamente de nosotros.
Aprender a distinguirlas no elimina necesariamente la preocupación.
Pero puede ayudarnos a dirigir nuestra energía hacia aquello que necesita nuestra atención.
Y también a acompañar, con mayor paciencia, aquello que todavía no podemos resolver.
2. ¿Qué es realmente la ecuanimidad?
La palabra ecuanimidad suele asociarse con serenidad, equilibrio o tranquilidad.
Pero su significado es más profundo.
Desde la psicología contemplativa, podemos comprenderla como una disposición a relacionarnos con las experiencias agradables, desagradables o neutras sin quedar dominados automáticamente por el apego, el rechazo o la reactividad.
No significa que todas las experiencias nos resulten iguales.
La alegría puede seguir siendo alegría.
Una pérdida puede continuar produciendo tristeza.
Una injusticia puede despertar indignación y la necesidad de actuar.
La ecuanimidad no elimina esas respuestas humanas.
Nos invita a reconocerlas sin perder por completo nuestra capacidad de comprender y elegir.
Gaëlle Desbordes y colaboradores, en una investigación publicada en la revista Mindfulness, propusieron estudiar la ecuanimidad como una dimensión específica de las prácticas contemplativas, diferenciándola de otros componentes de la atención plena (Desbordes y colaboradores, 2015).
Los autores describen el concepto en relación con un equilibrio mental frente a experiencias de distinto significado emocional.
Esta perspectiva nos ayuda a comprender algunas diferencias importantes.
La ecuanimidad no es indiferencia.
La indiferencia puede alejarnos de las necesidades propias y ajenas.
La ecuanimidad, en cambio, puede acompañarse de sensibilidad y compromiso.
Podemos conmovernos ante el sufrimiento de alguien sin quedar completamente desbordados.
Podemos escuchar una dificultad con presencia, intentando comprender antes de responder.
La ecuanimidad tampoco es resignación.
Resignarnos puede significar abandonar la posibilidad de actuar.
La ecuanimidad nos invita a reconocer lo que sucede para discernir qué respuesta resulta adecuada.
A veces necesitaremos esperar.
Otras, expresar un desacuerdo, establecer límites, pedir ayuda o tomar una decisión difícil.
Y ser ecuánimes no significa reprimir nuestras emociones.
No necesitamos ocultar la tristeza ni disimular el miedo para demostrar equilibrio.
Podemos llorar, sentir incertidumbre o atravesar momentos de intensa vulnerabilidad.
Quizás uno de los aprendizajes más delicados sea comprender que también habrá momentos en los que no podamos encontrar equilibrio.
Habrá días en los que el miedo sea intenso, en los que una preocupación ocupe gran parte de nuestros pensamientos o en los que necesitemos llorar sin encontrar todavía palabras para explicar lo que sentimos.
No necesitamos transformar esas experiencias en una prueba de nuestra capacidad de meditar, de comprender o de vivir conscientemente.
La ecuanimidad no debería convertirse en otra exigencia que debamos cumplir.
Podemos reconocer que hoy nos sentimos desbordados y permitirnos recibir apoyo.
Podemos aceptar que todavía no sabemos cómo afrontar una situación.
Y quizás, en ese reconocimiento humilde de nuestros límites, comience a aparecer una forma diferente de equilibrio: la posibilidad de acompañarnos sin rechazarnos.
3. La ciencia de la aceptación y el equilibrio emocional
Durante las últimas décadas, la psicología ha investigado cómo la atención plena y la aceptación pueden influir en nuestras respuestas frente al estrés.
Una propuesta relevante es la teoría del monitoreo y la aceptación, conocida como Monitor and Acceptance Theory (MAT), desarrollada por Emily Lindsay y J. David Creswell.
En su publicación de 2017, los investigadores plantean que el entrenamiento en mindfulness incluye dos procesos relacionados.
El primero consiste en reconocer lo que sucede en nuestra experiencia.
El segundo se refiere a la actitud con la que nos relacionamos con aquello que reconocemos.
Podemos advertir que estamos preocupados y, al mismo tiempo, criticarnos por no ser capaces de mantener la calma.
De ese modo, a la preocupación inicial añadimos una nueva fuente de malestar.
O podemos intentar reconocer nuestra inquietud sin exigirnos que desaparezca inmediatamente.
Desde esta teoría, prestar atención y cultivar aceptación pueden actuar de manera complementaria.
La atención nos permite observar.
La aceptación puede ayudarnos a disminuir ciertas respuestas de rechazo o reactividad frente a aquello que observamos.
¿Qué encontraron las investigaciones?
En 2018, Lindsay y colaboradores publicaron un ensayo aleatorizado con 153 adultos que experimentaban estrés.
Los participantes fueron asignados a tres programas breves, realizados mediante teléfonos inteligentes.
Uno combinaba entrenamiento en monitoreo de la experiencia y aceptación.
Otro entrenaba el monitoreo sin incorporar explícitamente la aceptación.
El tercero consistía en una intervención activa de comparación.
Después del entrenamiento, los investigadores evaluaron las respuestas de los participantes ante una situación estresante de laboratorio.
Encontraron que el grupo que había recibido entrenamiento combinado de atención y aceptación presentó menor reactividad del cortisol y de la presión arterial sistólica que los otros grupos.
Este resultado aporta evidencia experimental sobre el papel de la aceptación en determinadas respuestas fisiológicas al estrés.
Sin embargo, no significa que aceptar nuestras emociones elimine el estrés ni que garantice serenidad en todas las circunstancias.
Tampoco demuestra directamente que se haya desarrollado una ecuanimidad estable a largo plazo.
La aceptación y la ecuanimidad están relacionadas, pero no son conceptos idénticos.
Esta distinción es importante para comprender con rigor lo que la ciencia ha podido observar y aquello que todavía necesita investigar.
Y quizás, más allá de los resultados experimentales, podamos reconocer una pregunta cercana a nuestra experiencia cotidiana:
¿Qué sucede cuando dejamos de luchar constantemente contra el hecho de sentir lo que sentimos?
No siempre aparece tranquilidad.
A veces permanecen el miedo, la tristeza o la preocupación.
Pero puede comenzar a abrirse un espacio para relacionarnos de otra manera con ellos.
Quizás podamos reconocer que estamos inquietos sin concluir que somos incapaces.
O comprender que necesitamos tiempo sin reprocharnos no haber encontrado todavía una solución.
Esos pequeños cambios en nuestra manera de acompañarnos no necesitan ser extraordinarios para tener significado.
Y cuando una experiencia nos sobrepasa, reconocer que necesitamos ayuda también puede ser una respuesta consciente y cuidadosa.
4. Thich Nhat Hanh: la ecuanimidad como una forma de amar
En las enseñanzas del monje zen vietnamita Thich Nhat Hanh, la ecuanimidad posee una dimensión que amplía nuestra comprensión del equilibrio emocional.
No se relaciona únicamente con nuestra manera de responder a las dificultades personales.
También forma parte de nuestra capacidad de amar.
En la tradición budista, la ecuanimidad —upekkha, en pali, o upeksha, en sánscrito— integra las cuatro cualidades inconmensurables, junto con el amor benevolente, la compasión y la alegría compartida.
Thich Nhat Hanh dedicó numerosas enseñanzas a estas cuatro dimensiones de la vida contemplativa.
En Teachings on Love (Enseñanzas sobre el amor), y en sus enseñanzas conservadas por Plum Village, explora la relación entre amor, comprensión, libertad y ecuanimidad.
Su perspectiva nos invita a considerar que el amor no necesita confundirse con posesión ni con control.
Podemos desear profundamente el bienestar de una persona sin pretender decidir cada aspecto de su existencia.
Podemos acompañar su sufrimiento sin asumir que nos corresponde resolverlo todo.
Y podemos reconocer que los demás poseen experiencias, necesidades y procesos que no siempre coinciden con nuestras expectativas.
Pensemos en alguien a quien amamos profundamente y que atraviesa una dificultad.
Quizás deseemos encontrar las palabras adecuadas, aliviar su preocupación o mostrarle el camino que creemos mejor.
Pero puede suceder que esa persona necesite algo diferente: tiempo, silencio, libertad para decidir o simplemente sentirse escuchada.
Acompañar con ecuanimidad puede significar reconocer que nuestro amor no nos concede el control sobre la experiencia del otro.
Podemos estar presentes sin apropiarnos de su proceso.
Podemos ofrecer ayuda sin imponerla.
Y podemos descubrir que, en ocasiones, amar también es confiar en la capacidad de otra persona para encontrar su propio camino.
No se trata de querer menos.
Se trata de aprender a cuidar sin dejar de respetar.
Esta reflexión, inspirada en las enseñanzas contemplativas de Thich Nhat Hanh, también nos invita a reconocer nuestros propios límites.
A veces, cuando alguien que queremos sufre, sentimos la urgencia de aliviar inmediatamente su dolor.
Quizás esa urgencia nazca de nuestro cariño.
Pero también puede expresar nuestra dificultad para permanecer presentes frente al sufrimiento ajeno.
La ecuanimidad puede ayudarnos a observar ambas experiencias con comprensión.
No nos pide ser indiferentes.
Nos invita a reconocer qué necesita realmente la situación, sin dejarnos conducir únicamente por nuestra necesidad de resolverla.
Habrá momentos para escuchar.
Otros para acompañar una decisión difícil.
Y situaciones en las que cuidar significará intervenir con firmeza o establecer un límite.
La ecuanimidad puede convivir con todas esas respuestas.
Ser ecuánimes no significa cerrar el corazón para no sufrir. Significa aprender a mantenerlo abierto sin exigirnos controlar todo lo que sucede.
5. Aprender a soltar sin dejar de cuidar
La palabra soltar aparece con frecuencia cuando hablamos de meditación y bienestar emocional.
Pero también puede prestarse a confusiones.
A veces creemos que soltar significa olvidar, abandonar o dejar de sentir.
Sin embargo, podemos comprenderlo de otra manera.
Podemos soltar la exigencia de encontrar una respuesta inmediata sin renunciar a buscarla.
Podemos flexibilizar nuestras expectativas sin abandonar nuestros valores.
Podemos dejar de intentar controlar las decisiones de alguien y continuar ofreciéndole nuestro afecto.
No siempre se trata de hacer menos.
En ocasiones, se trata de responder desde un lugar diferente.
Imaginemos que una situación importante permanece sin resolverse.
Nuestra mente intenta encontrar certezas.
Volvemos una y otra vez sobre los mismos pensamientos.
Quizás comenzamos a sentir que solamente podremos descansar cuando finalmente conozcamos el desenlace.
Pero mientras esperamos, nuestra vida continúa.
Nuestro cuerpo necesita cuidado.
Nuestros vínculos merecen atención.
Y nosotros también necesitamos momentos de descanso, aun cuando todavía existan preguntas abiertas.
Esto no significa que debamos desentendernos de aquello que nos preocupa.
Podemos dedicarle tiempo, buscar información, tomar decisiones y realizar las acciones que estén a nuestro alcance.
Pero también podemos permitirnos reconocer que no todo depende de nosotros.
Y que descansar no equivale a abandonar nuestras responsabilidades.
La ecuanimidad puede ayudarnos a distinguir entre aquello que requiere nuestra acción y aquello que, por el momento, necesita paciencia.
Cuando lo que vivimos implica daño, injusticia o una situación que amenaza nuestro bienestar, aceptar que está ocurriendo no significa justificarlo.
La respuesta ecuánime también puede ser firme.
Puede incluir pedir ayuda, retirarnos de una situación perjudicial o actuar para modificar aquello que necesita cambiar.
Aceptar la realidad de una experiencia no significa aprobarla. Significa comenzar por reconocerla para poder responder con mayor claridad.
6. Una práctica de presencia y ecuanimidad
Encontrar un punto de apoyo en medio del cambio.
Te propongo dedicar unos minutos a explorar una forma sencilla de presencia.
No necesitás elegir una preocupación intensa ni recordar una experiencia dolorosa.
Podés comenzar con alguna incertidumbre cotidiana que te resulte manejable.
Esta práctica no tiene como objetivo obligarte a sentir tranquilidad.
Es solamente una invitación a reconocer lo que sucede y descubrir cómo acompañarlo.
Primer momento: reconocer
Buscá una postura cómoda.
Podés mantener los ojos abiertos o cerrados, según lo que te resulte más agradable.
Sentí el contacto de tus pies con el suelo o de tu cuerpo con el lugar donde estás sentado.
Observá cómo te encontrás.
Quizás aparezca inquietud, cansancio, tranquilidad o una mezcla de emociones.
No necesitás modificar nada.
Podés decirte suavemente:
Esto es lo que estoy experimentando en este momento.
Y permitirte reconocerlo sin añadir un juicio inmediato.
Segundo momento: encontrar un apoyo
Dirigí la atención hacia la respiración natural, los sonidos del ambiente o alguna sensación corporal que te resulte cómoda.
No hace falta respirar de una manera especial.
Si aparecen pensamientos sobre el futuro, reconocé su presencia.
Quizás puedas recordarte:
No necesito resolverlo todo en este instante.
Puedo estar aquí, aun cuando algunas respuestas todavía no hayan llegado.
Si la atención se dispersa, regresá suavemente al apoyo que elegiste.
Sin exigencia.
Tercer momento: reconocer nuestras posibilidades
Preguntate con amabilidad:
¿Qué parte de esta situación puedo atender ahora?
¿Qué aspectos todavía no dependen de mí?
¿Qué necesitaría para acompañarme mejor mientras atravieso esta incertidumbre?
No es necesario encontrar una respuesta inmediata.
Tal vez descubras una pequeña acción que puedas realizar.
Quizás reconozcas que necesitás hablar con alguien, descansar o darte un poco más de tiempo.
O tal vez simplemente observes que hoy todavía no tenés todas las respuestas.
Eso también puede ser reconocido con comprensión.
Si la práctica despierta malestar importante, podés detenerte y volver a orientarte hacia el entorno.
No necesitamos convertir la ecuanimidad en otra obligación.
Al finalizar, no hace falta evaluar la experiencia como un éxito o un fracaso.
Quizás el gesto más valioso haya sido permitirte estar presente durante unos minutos, sin exigirte una emoción diferente.
El arte de permanecer presentes
A lo largo de nuestra vida atravesamos circunstancias que no podemos prever por completo.
Algunas nos llenan de alegría.
Otras nos confrontan con pérdidas, cambios, decisiones difíciles o preguntas que permanecen abiertas.
La ecuanimidad no nos ofrece una manera de escapar de esa realidad.
Nos invita a desarrollar una relación más consciente con ella.
La investigación psicológica explora cómo la aceptación puede participar en la regulación emocional y en determinadas respuestas al estrés.
Las enseñanzas contemplativas de Thich Nhat Hanh amplían nuestra mirada y nos recuerdan que el equilibrio también puede expresarse en nuestra manera de amar, escuchar y acompañar.
Ambas perspectivas pueden dialogar sin necesidad de confundirse.
La ciencia estudia mecanismos y resultados observables.
La tradición contemplativa nos ofrece orientaciones éticas y experiencias de práctica.
Y nuestra propia vida es el espacio donde podemos explorar qué significado tienen para nosotros.
Quizás haya días en los que la vida nos encuentre serenos y otros en los que nuestras emociones parezcan moverse en todas direcciones.
Habrá momentos en los que podamos mirar una dificultad con claridad y otros en los que necesitemos tiempo, compañía o simplemente un poco de descanso.
No tenemos que juzgarnos por esa diferencia.
La ecuanimidad no nos pide convertirnos en personas imperturbables.
Nos invita a cultivar una presencia capaz de reconocer tanto nuestra fortaleza como nuestra vulnerabilidad.
Tal vez el equilibrio comience cuando dejamos de exigirnos que todo esté resuelto para permitirnos vivir el momento presente.
Cuando comprendemos que podemos cuidar aquello que nos importa sin controlar todos sus resultados.
Y cuando descubrimos que, incluso en medio de la incertidumbre, seguimos siendo dignos de comprensión y cuidado.
Porque habitarse no significa permanecer inmóviles mientras la vida cambia. Significa aprender a acompañar sus movimientos sin dejar de acompañarnos a nosotros mismos.
Bibliografía y lecturas recomendadas
Investigaciones científicas
Desbordes, G., Gard, T., Hoge, E. A., Hölzel, B. K., Kerr, C., Lazar, S. W., Olendzki, A. y Vago, D. R. (2015).
Moving Beyond Mindfulness: Defining Equanimity as an Outcome Measure in Meditation and Contemplative Research.
Traducción: «Más allá de la atención plena: definir la ecuanimidad como medida de resultado en la investigación sobre meditación y prácticas contemplativas».
Mindfulness, 6(2), 356–372.
https://doi.org/10.1007/s12671-013-0269-8
Lindsay, E. K. y Creswell, J. D. (2017).
Mechanisms of Mindfulness Training: Monitor and Acceptance Theory (MAT).
Traducción: «Mecanismos del entrenamiento en atención plena: teoría del monitoreo y la aceptación».
Clinical Psychology Review, 51, 48–59.
https://doi.org/10.1016/j.cpr.2016.10.011
Lindsay, E. K., Young, S., Smyth, J. M., Brown, K. W. y Creswell, J. D. (2018).
Acceptance Lowers Stress Reactivity: Dismantling Mindfulness Training in a Randomized Controlled Trial.
Traducción: «La aceptación reduce la reactividad al estrés: análisis de los componentes del entrenamiento en atención plena mediante un ensayo controlado aleatorizado».
Psychoneuroendocrinology, 87, 63–73.
https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2017.09.015
Libros y enseñanzas contemplativas
Thich Nhat Hanh.
Teachings on Love.
Traducción orientativa: «Enseñanzas sobre el amor».
Obra sobre el amor benevolente, la compasión, la alegría compartida y la ecuanimidad.
Thich Nhat Hanh.
La paz está en cada paso.
Título original: Peace Is Every Step.
Una invitación a cultivar presencia y atención consciente en las experiencias cotidianas.
Thich Nhat Hanh — Plum Village (2011).
Teachings on Love.
Traducción: «Enseñanzas sobre el amor».
Charla contemplativa sobre el amor y las cuatro cualidades inconmensurables.
https://web.plumvillage.app/item/teachings-on-love-1
Thich Nhat Hanh — Plum Village (1993).
The Song of the Cuckoo and the Four Immeasurable Minds.
Traducción: «El canto del cuco y las cuatro cualidades inconmensurables».
Enseñanza sobre el amor benevolente, la compasión, la alegría compartida y la ecuanimidad.
Nota bibliográfica: las traducciones de los títulos académicos y de las enseñanzas en inglés se incluyen para facilitar la comprensión; no representan necesariamente títulos oficiales de ediciones publicadas en español.
Inspiración Compasiva — El arte de habitarse
La ciencia nos ayuda a comprender; la reflexión nos invita a descubrir; la práctica nos permite experimentar.

